Examen de humildad

Hace poco, una noticia local saltó a los titulares nacionales: "El 60% de los aspirantes a bombero en Burgos es eliminado por sus faltas de ortografía". Mi reacción mental fue algo así: "No creo que debiera ser un factor tan esencial como para descalificar a tantos opositores para bombero... Aunque yo creo que lo habría aprobado". Bien, pues ahora he podido ponerme a prueba y hacer el examen en cuestión y el resultado, para sorpresa de mi orgullo, ha sido un amargo suspenso. Yo, que me considero -y soy considerado por algunos- de fiar en materia ortográfica, he suspendido el examen de ortografía de la oposición a bomberos de Burgos de, según dicen, nivel de la ESO.
Toma cura de humildad.

Enseguida cuento los detalles, pero antes analicemos mejor este tema, porque tiene tela.

La noticia ha generado una buena ración de controversia y, sobre todo, dos posturas enfrentadas: la de los que desprecian la incultura de los suspendidos y alaban la idoneidad de un examen así en las pruebas de bombero, y la de los que les parece una estupidez dar demasiada importancia a la ortografía para un puesto en el que, argumentan, no es una materia esencial. Personalmente, he presenciado sobre todo actitudes condescendientes (en el sentido de altivas) hacia los opositores suspendidos y, en general, hacia cualquiera que no preste especial atención a la ortografía.

Mi postura es la de los que opina que la ortografía no es esencial para ser bombero. De hecho, soy aún más radical: creo firmemente que ni siquiera es esencial para ser un buen escritor. Sin embargo, siempre es útil y necesaria para ser un escritor correcto (cualidad que sí necesitan los que trabajan en medios de comunicación masivos o comunicación institucional, por otra parte). Por tanto, que el conocimiento de la ortografía no me parezca esencial no quiere decir que crea que la ortografía es algo completamente absurdo e inútil, o que no debiera estudiarse, o que me apetezca leer libros llenos de asesinatos a la ortografía. Al contrario, es un conocimiento valioso que forma parte del acervo necesario en lo que se conoce como "cultura general" y facilita en buena parte el correcto entendimiento entre escritores y lectores. Por lo tanto, es un conocimiento significativo, importante, que siempre se agradece y nunca está de más. Pero -lo quiero recalcar- no me parece, ni mucho menos, esencial.

Conozco a dos opositores que suspendieron en la prueba ortográfica de Burgos. Antes de que todo el revuelo del gran porcentaje de suspensos se aireara al gran público, uno de ellos, que ya sabía que había suspendido, me contó lo injusto que le había parecido aquella parte del examen, que el nivel no le parecía de ESO, que muchas de las palabras que les habían puesto eran rarísimas o arcaicas y que, además, cuando alguien preguntó por el sistema de puntuación de aquella sección, los examinadores no supieron responderles directamente y se pusieron a discutir el sistema en mitad del examen, explicándoselo ya a la mitad. Por esta última razón, me dijo, varios compañeros suspendidos se habían juntado para protestar contra el examen. No sé qué fue de aquellas quejas.

Tras la noticia, volví a hablar con los opositores que habían suspendido. Les pregunté por el examen, por lo que les parecía el impacto que estaba teniendo la noticia de la ortografía, por lo que estaba diciendo la gente. A ambos les parecía que el gran público hablaba sin saber, que los medios no estaban contando toda la historia, que les parecía injusto el juicio mediático que se había generado sin conocimiento de causa. Entre otras cosas, me dijeron, la sección por la que había habido tantos suspensos era la de descubrir faltas de ortografía en frases, que no era la misma que el dictado -el cual ambos coincidían en que era fácil. Muchos medios compartieron extractos del dictado como si fuera la prueba que suspendieron estas personas, cuando en realidad se trataba de otra parte, de una dificultad bien diferente. Es normal que muchos, al ver esos trozos de dictado, hayan creído que todo el examen era muy básico.

En definitiva, se puede imaginar, les parecía que la parte de ortografía, tal y como estaba planteada, era bastante absurda. Me pareció que les dolía que tantos se estuvieran dedicando a mirarles por encima del hombro (aún sin personalizar, ya que sus identidades permanecen anónimas para el gran público) por estar en el foco de esta noticia. Pero no me pareció que les afectara demasiado la controversia: no se habían quedado a pelear esa batalla, sino que seguían -siguen- estudiando, preparando otras oposiciones convocadas en otras provincias, etc. No son las primeras oposiciones que no pasan. Llevan muchos meses de estudio y entrenamiento, de presentarse a algunas oposiciones sabiendo que suspenderán -para coger experiencia al hacer los exámenes-, de aprenderse los callejeros de ciudades ajenas -cuestión que siempre es especialmente compleja para los opositores a bombero-, haciendo viajes de muchas horas a provincias lejanas para realizar un examen teórico de algo más de una hora y, con las mismas, volver pronto de nuevo a casa, sin tiempo de hacer turismo en esas ciudades lejanas, porque hay que seguir estudiando temarios, o yendo a la academia, o al gimnasio, o a la piscina.

Uno de ellos me propuso hacer el examen. "¿Quieres probarlo tú mismo? Lo tengo, con las respuestas. Hombre, tú que lees mucho y te gustan estos temas igual lo apruebas, no sé...". De acuerdo, me gustan los retos. Y dármelas de listo. Adelante.

Haciendo el examen

El examen constaba de 25 preguntas, 5 de las cuales (las últimas) solo computarían si alguna de las anteriores fuera imputada (es la forma que tienen los examinadores de cubrirse las espaldas si la han cagado en alguna de las preguntas principales, básicamente). El tiempo para realizar esa sección del examen: 15 minutos.

Preparé el cronómetro del móvil y apunté números del 1 al 20 en una hoja en sucio, para no estropear el papel del examen (no hice las 5 preguntas extra). Con la excitación de examinarme -cosa que hace mucho que no hago-, me puse a responder a las preguntas tan rápido como podía. No solo quería hacer el examen. Quería hacerlo muy rápido, demostrar que me sobraban unos cuantos minutos de 15 para hacer algo así.

La prueba consistía en frases con cuatro palabras subrayadas cada una. Había que señalar si las palabras subrayadas estaban bien o mal escritas, ortográficamente (por cierto, el corrector automático de este navegador me subraya en rojo, como mal escrito, "ortográficamente"...). Con fallar una palabra, toda la frase se consideraba mal. Aunque la puntuación total era diferente (el ejercicio completo contaba 1 punto), digamos que, sobre 20 puntos (20 preguntas), la puntuación iría así: las frases correctas sumaban un punto; las incorrectas, restaban medio punto; las no respondidas ni sumaban ni restaban.

En mitad del examen, me dio la risa. La combinación de frases variopintas (que lo mismo van sobre los "ojaldres" de Saúl como de la "humilde hormiga [que] hurga siempre las hoquedades") con palabras tan obvia y dolorosamente mal escritas ("uyó despaborido"), y el hecho de que casi no leía las frases -solo me fijaba en las palabras- y por tanto las combinaciones resultaban aún más estrambóticas, sumado a que me imaginaba a un aguerrido bombero diciendo algo tipo "He visto verdear la mies, y encorvarse al batir el viento...", hacían del ejercicio toda una experiencia surrealista o, al menos, muy divertida.

Muy ligero, lo rellené todo. Me felicité. Había terminado en 6 minutos y pocos segundos. No me hacía falta revisar (eso me habría hecho perder mi marca de 6 minutos, y no podía ceder a rebajar mi ego). Me sentía bastante optimista sobre mi aprobado. Había dudado de un par de cosillas, sobre todo de una palabra de un fragmento del Quijote (¿hacémila o acémila?), pero consideraba que me había ido bien. Anda que no puedo flipármelo cuando creo estar jugando en casa.

Entonces tocó corregir, y... una tras otra, muchas más respuestas de las que creía resultaron equivocadas. 8 fallos de 20, en total. Sí, habría aprobado el examen (12/20)... si no fuera porque las respuestas erróneas también restaban. Los 8 fallos se convertían en 4 puntos menos, por tanto, el resultado quedaba en 8 sobre 20, o un 0,4 sobre 1. Suspendido.

No había mucha excusa. Sí, bueno... había una palabra que había leído mal y habría corregido de haber repasado... había una pregunta que había respondido bien al principio y luego había cambiado de opinión por motivos enrevesados... no había pensado en dejar sin responder ninguna pregunta, a pesar de tener dudas en algunas... Pero nada de esto era excusa suficiente. Había suspendido con todas las de la ley. Yo, que jamás superaría las pruebas físicas de la oposición de bombero, pero que creía que, dado que suelo leer y escribir, aprobaría sin esfuerzo la parte ortográfica.

Esto puede significar al menos dos cosas:

1) Tengo bastante menos nivel ortográfico del que presumía tener. Por ello, justamente, yo, al igual que otros ignorantes de mi calaña, no podría optar a bombero.

2) Tengo un nivel aceptable de ortografía pero las preguntas eran demasiado enrevesadas. Por ello, algunos deberían haber tenido más posibilidades de optar a bombero.

En todo caso, de todo se aprende. Esta vez, algo de ortografía, y sobre todo, he recordado la valiosa lección (que olvidaré a la primera de cambio) de que soy más tonto de lo que creo.


Nota/actualización:

Me ha llegado información de que, según algunos bomberos de la ciudad, en esa parte ortográfica pusieron, "por error", un examen de notaría.