Ha muerto un poeta

Ha muerto un poeta.

Yo no lo conocía. Nunca lo leí.

Ha muerto un poeta y las hojas no han dejado de vibrar con la brisa. Ha muerto un poeta y los charcos no han dejado de temblar con la lluvia. Ha muerto un poeta y las flores siguen altivas, adjetivables e indiferentes.

Ha muerto un poeta y en un mundo abstracto, muere una retahíla de vocablos ordenados de una forma muy particular. Nadie los conoce. Nadie los echa de menos.

Ha muerto un poeta. Se escriben obituarios. Los escritores se estrujan las entrañas, tras la poesía que honre su poesía. Esto debe ser la justicia poética.

Ha muerto un poeta. Ha muerto un fetichista del tacto de la palabra. Ha muerto un obseso de las curvas del orden. Ha muerto un vicioso del clímax de la ambigüedad.

Ha muerto un poeta. En un edificio acristalado, en una oficina oscura, una mujer que apenas le conocía se acuerda de sus emails, siempre floridos.