Libros y más libros: mucho y bueno para el 2017

Los reyes me han traído muuuchos libros. Y no se han equivocado con ninguno, como si, por una vez, realmente hubieran escuchado mis peticiones. ¡Como si yo mismo hubiera comprado algunos, me atrevería a decir!

En total, contando los comprados fuera de temporada navideña (la fila de abajo), han sido estos nueve:

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Incluyendo esa funda trabajada artesanalmente en cuero, un capricho no sé hasta qué punto inútil pero al que tengo ganas de dar uso.

A pesar de tener desde hace tiempo una larga cola de libros por leer, estoy contento con estas nuevas adquisiciones, entre las que hay varios libros que me hacen especial ilusión y que se colarán sin duda entre los primeros puestos de los pendientes. Y como tengo esta cosa de que me gusta hablar de libros, y compartir lecturas, quizás con la secreta (y hasta el momento, bastante vana) esperanza de fomentar cierta conversación en torno a ellos, voy a comentar aquí un poco por qué cada uno de estos:

  • Inquietud en el paraíso, de Óscar Esquivias. Me hace especial ilusión, porque, aunque he leído algún otro libro suyo, este es el primero de su trilogía dantesca, que son las obras que -creo- más han dado de qué hablar de su literatura, y de las que mejores críticas he oído. Por supuesto, el hecho de que sea un autor burgalés, el haber tenido la suerte de coincidir con él en un par de ocasiones y el seguir sus curiosas observaciones del día a día por redes sociales, son factores que, personalmente, añaden muchas más ganas de conocer esta obra. Por si fuera poco, el haber sido un regalo de alguien a quien quiero mucho le da un extra sentimental.

  • La gratitud, de Fermín Herrero. Es el primero de varios libros que me recomendó Pedro Ojeda Escudero, autor del blog La acequia (donde le dedicaron un mes en su Club de lectura), cuando le pregunté por buenos poetas contemporáneos. Lo he leído enseguida, aprovechando algunos viajes que he estado haciendo (y dejando constancia de ello en algunos lugares), pero tengo ganas de volver a leerlo. Por un lado tengo la impresión de no haber entendido mucho (¿quién dice que haya que entender, de todas formas?) y por otro, simplemente quiero volver a saborear algunos de esos poemas de nuevo, con más calma. Me pregunto si con la poesía me pasa como con los sabores, que me falta vocabulario para poder definirlos.

  • The hands-on guide for science communicators (La guía práctica para comunicadores de la ciencia), de Lars Lindberg Christensen. Asistí a una conferencia de Lars Lindberg sobre comunicación científica y me gustó lo muy completa que fue. Abarcaba tantos puntos que no se pudo extender en muchos detalles, pero ofreció compartir la presentación con quien la quisiera y se la pedí al acabar la charla. A raíz de eso mantuvimos una breve correspondencia electrónica en la que me mostré interesado por su libro, e inmediatamente se ofreció a mandármelo gratuitamente, un gesto que no deja de maravillarme y hacerme sentir muy afortunado. Me llegó precisamente en torno a los días de reyes, y ojeé enseguida varios fragmentos que disfruté mucho. De momento, me quedo con las ganas de que exista una versión traducida al español de este libro.

  • Mujer, de Natalie Angier. Hace tiempo, lo saqué de la biblioteca Miguel de Cervantes, Burgos, y leí un par de capítulos. Me dejó con ganas de terminarlo. Hace poco, cierta persona se tomó en serio mi recomendación -inaudito, lo sé-, se compró el libro y me va comentando algunas curiosidades mientras lo está leyendo, con lo que tengo más ganas que nunca de retomarlo y poder comentarlo con conocimiento de causa. Es un repaso científico al funcionamiento del cuerpo femenino, y el estilo de la autora, que ya me encantó en El canon, es sin duda una gran baza para sumergirse en este libro sin miedo: Natalie Angier se toma muy en serio ser rigurosa, pero no cede a la frialdad, sino que deja traslucir su pasión, a veces de forma incluso poética, y se esfuerza en hacer entender esos vericuetos científicos que a veces cuesta coger especialmente. (Como curiosidad, prácticamente toda mujer a la que le he mencionado el libro ha mostrado interés, empezando por mis hermanas y mi madre. Una vez me lo lea va a haber una larga cola.)

  • Poemas, de Juan Luis Panero. Un amigo me ha recomendado fervientemente la poesía de su hermano, Leopoldo Mª Panero, pero cuando la he ojeado, no me ha calado. Sin embargo, tras entenderme bien con varios poemas de esta recopilación, decidí darle su digna oportunidad al señor Juan Luis Panero, y lo que tengo leído, muy al azar y de picoteo, no me ha defraudado, me ha intrigado y en alguna caverna interna, me ha resonado. Como curiosidad, me hice con él en una peculiar librería que recomiendo visitar si se cae por Lisboa: Ler Devagar, situada en una zona muy alternativa y artística llamada LX FACTORY.

  • Viaje en autobús, de Josep Pla. Tengo muy pendiente su Cuaderno gris, pero me da una pereza terrible, para qué engañarnos. Este, sin embargo, es ligero, perfecto para leer en lo que su propio título indica, y el lenguaje llano y directo que descubrí en una rápida ojeada me convenció de hacerme con él y tener, así, una forma más accesible de acercarme a Josep Pla.

  • El largo adiós, de Raymond Chandler. Lo cogí un poco a oído, porque estaba barato en una tienda de segunda mano, y porque le tengo especialmente ganas a este tipo de novelas, sobre todo las clásicas -y nunca he leído nada de Philip Marlowe-, tras haber leído Cómo escribo novela policíaca, de Andreu Martín. Aunque todavía me espera por ahí, más recomendada todavía, El halcón maltés... ¡Ay!

  • Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving. Pecado tardío de turista que ha estado hace poco en Granada, poco más. Para el día que me pille con ganas de ensoñaciones palaciegas de musulmanes y cristianos.

  • La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes. Le tengo cariño a Delibes, me pregunto qué quiso contar en su primera novela.

Tengo mucho y bueno para leer este año.