Los extraterrestres seguro que son gente de andar por casa

Cuando se trata de imaginar a seres del otro lado del universo, nos empecinamos en imaginarlos increíblemente inteligentes o increíblemente terribles. Nos negamos a aceptar la opción más obvia: probablemente sean terriblemente aburridos. Gente que también nos imaginará a nosotros como seres excepcionales de capacidades inimaginables, y que se sentirían bastante decepcionados al descubrir nuestras anodinas vidas. No me refiero solo a la ameba que nada en las profundidades de un mar de silicio, en un planeta de atmósfera irrespirable, durante un millón de años, sin hacer ni una sola cabriola. Me refiero al lugar donde algún tipo de órgano, tan arrogante como el cerebro, se abrió paso en el cuerpo de algunas criaturas hasta entonces ingenuas y se las dio muy de listo. Ese lugar ha de estar poblado con tipos llenos de rutinas, dolores molestos por malas posiciones, que sienten picores extraños en zonas erógenas, y se rascan unos genitales sin duda aún más amorfos que los nuestros (o quizás más bellos que el romanescu). Tipos aficionados a la partida de cada tarde ("tarde": espacio de tiempo que en su planeta resulta durar tres meses y cincuenta y dos segundos), a dar paseos por el bosque de detrás del chalet, y a los líquidos con burbujas. Señores que se hurgan los orificios nasales con placer, porque es agradable quitarse los pinchos que ahí les crecen, y culpabilidad, porque allí no deja de ser de mala educación el hurgarse los orificios, los tengas o no en la cara. Los extraterrestres también discuten por chorradas, como que si a mí no me has puesto servilleta, o que qué te pasa, que te he dicho que nada, que eso quiere decir que algo te pasa, que no, que sí, que no, que sí, ¡que no, déjame en paz!, ¿ves?, algo te pasaba. También disfrutan viendo regularmente a algunos de sus congéneres más atléticos pelearse -siempre con deportividad- por meter una cosa difícil de controlar en un recipiente complicado de alcanzar, un objetivo sin mayor finalidad que sí mismo (salvo demostrar algo sobre la diferencia entre "tú" y "yo"). Algún extraterrestre, sin duda, ha notado su propia pequeñez, al comparar la talla de uno de los suyos contra la burbuja celeste, y tampoco entiende del todo por qué las cosas son como son, y no de otra forma, imposible de imaginar. Por qué todo parece tan normal y no todo lo contrario.