NO LO SÉ

Incluso lo aparentemente novedoso, extraño y desconocido puede tener una familiaridad que despierta en nosotros recuerdos, algunos olvidados. Una de estas conexiones me ha me ha llevado a rememorar algo sobre muchos de mis profesores. Y es que hay algo que muchos necesitan decir más a menudo y sin embargo es muy muy raro que lleguen a admitir: «NO-LO-SÉ».

De esto, uno, siendo niño, no se da cuenta más que con el tiempo. Pero yo diría que hacia la ESO, cualquiera un poco avispado ya se ha dado cuenta. Muchos profesores solicitan, o dicen aceptar, preguntas, pero cuando estas se salen del espectro del libro de texto, una triste mayoría de profesores (hablo por mi experiencia, claro) son incapaces de contestar a las demandas menos obvias. Lo sé de primera mano porque siempre he sido preguntón.

Algunos profesores, los mejores, conocen su materia y son capaces de responder a la mayoría de las preguntas con precisión.

Algunos, los menos, conozcan o no su materia, cuando no están seguros de la respuesta que podrían dar, lo manifiestan, probablemente teorizan alguna posibilidad y buscan o prometen buscar una respuesta satisfactoria para la clase [Porque cualquier pregunta planteada por uno, sea buena o penosa, se convierte en una pregunta de toda la clase].

Pero muchos, demasiados, no son capaces de admitir que no tienen ni idea de tal cosa en concreto y se ponen a probar suerte. Juegan con ambigüedades e imprecisiones, y como habitualmente son torpes hasta para moverse por esos terrenos, se les escapan ciertos modificadores del lenguaje que el oyente atento puede interpretar rápidamente como lagunas claras de conocimiento. Y se quedan tan contentos.

Algunos de estos últimos se atreven a preguntar si aquello ha respondido a tu pregunta. Dependiendo del transfondo del profesor del que venga, es un gesto que puede ser de honestas ganas de responder adecuadamente o (más a menudo) un ofrecimiento de tregua para que pares con las preguntitas de los cojones. Que si replanteas la pregunta te la van a desresponder igualmente. Paradójico pero patente.

La conclusión es que, tristemente, a unos cuantos les parece que sacar el diccionario es más señal de debilidad que de inteligencia.
Praga, septiembre 2013

Samuel Peg

No soy músico pero canto, no soy dibujante pero dibujo, no soy fotógrafo pero fotografío, no soy escritor pero escribo. No soy nada, pero nado.

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